La avecilla


Un ave nacida en cautiverio, un día, se encontró abierta la puerta de su jaula y ansiosa escapó hacia el espacio que la invitaba a volar hacia inesperados horizontes, pero como no estaba costumbrada ha elevarse, tuvo que hacer fuerza con todo el vigor de sus alas para no caer rápidamente al suelo.

Descansó en el alero de un tejado muy próximo a donde quedara su jaula, allí, tomando aliento y mirándola a la vez, decidió no volver. Corto había sido su vuelo, pero lo suficiente, para no desear enjaular su recién nacida libertad y quiso subir hasta el cielo para posarse en una nube. Voló y voló, subiendo y bajando sus, pequeños, alerones con todas sus fuerzas, pero no alcanzaba la nube que, cada vez, parecía más distante. Repentinamente se percató de que sus alas estaban lacias y que se iba a precipitar inevitablemente contra el suelo. Tuvo un último y feliz pensamiento antes de quedar rota en el asfalto: "me han valido mucho más, estos momentos de divina libertad, que todos los años que he vivido presa en aquella hermosa jaula dorada".

Original de Carmen Úbeda Ferrer

4 comentarios:

  1. Corto pero muy bueno, como todos los tuyos.
    José Mª

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    1. Gracias por tu comentario, Javier.
      Un saludo e Carmen.

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  2. La libertad se añora y valora cuando no se tiene.

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    1. La libertad, yo diría que es más importante inclusive que el amor, una cosa conlleva la otra, amigo Marco.
      Te agradezco mucho tu visita a mi blog y que te hayas apuntado a ser participe de él.
      Carmen.

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